domingo, junio 21, 2015

La mal querida

Que se te cumplan todos tus deseos, dijo Tamiris clavando su pupila en la pupila azul de Martin.
Instantes después, comenzó a sentir un impedimento en la garganta, que le impedía respirar. 

Murió, casi de inmediato, no pudieron hacer nada, en el caso de haber podido, intuyo que su amado Martin, tampoco se hubiera molestado ni en cambiar de postura, le pilló en mala hora, echando un sueñecito.
Aunque su relación había terminado, como todo en esta vida, al menos supo por fin, en su lecho de muerte, que su intuición nunca fallaba.


Tamiris murió intranquila, por lo que lógicamente, se tenía que inventar un plan para convertirse en aparecida, cosa que la reconfortaba por dentro, pues sabía del miedo que esa situación, podía despertar en su amado Martin.
No pudo evitar esbozar una sonrisa antes del rictus mortis, lo que generó una nube de fotografías de todos los que acudieron al sepelio, que entre otras cosas, no daban crédito a sus ojos.
Hubo quien dijo: _ Uy, pero si de cara está casi mejor que viva.


Dicen que el último sentido que se pierde al morir es el oído, por eso hay que tener mucho cuidado de lo que se dice, estándo el cadáver de cuerpo presente, susurró una mujer negra, que pasaba la mopa en la sala donde velaban a Tamiris, mientras pasaba por detrás de los que comentaban sobre el aspecto de la muerta.
Lo dejó caer presignándose al mismo tiempo y abriendo los ojos más de lo habitual para ver lo cotidiano, yo diría que como una señal de alerta o bien un advertimiento.


Efectivamente, al percatarse de los ojos tan abiertos de aquella mujer negra, lo tomaron como una señal y procedieron, cada cual, como entendió que debería.
El amado Martin, se fue a un concierto, dando por disuelta la reunión, su prima Tina, la susurró que no se preocupara de nada, que ya subía ella las fotos al facebook.
Su amiga Aradel, le pidió perdón y rogó para que fuera ella la que estuviera, al otro lado del túnel de luz, cuando a ella, le llegara el momento.

El alma de Tamiris, ya volaba por encima de sus cabezas.

Lo que más sorprendió a Tamiris de estar muerta, era que vivía. Si, de otro modo, con otras capacidades que tendría que probar, pero vivía.
Ya sabía que con la mortaja, sería más que suficiente para ejercer de aparecida, no le hacía falta nada más, el uniforme estaba resuelto, ahora, se tenía que preocupar de a quien liarsela primero, y eso requería observancia y justicia

A quien no le ha apetecido ser invisible alguna vez, solo en alguna ocasión, sin medir las consecuencias, estamos de acuerdo, pero seguramente que a muchos, el que lo niegue, ya sabemos que miente con total seguridad.
Por eso, una de las primeras cosas que hizo Tamiris de muerta, fue, por absurdo que parezca, ir a casa de Lucía a comprobar si efectivamente, no usaba vanish oxyaction para blanquear su ropa.
Por supuesto. una vez más estuvo orgullosa de su avispada intuición.

Tamiris se adaptó muy pronto a su nueva condición, es como si hubiera estado muerta toda la vida. En principio y conocedora de que tenia tiempo de sobra, prefirió entrenarse con tonterías, cosillas de poca importancia que le ayudarían a irse apareciendo, para saldar cuentas a más de uno que lo merecía.
Después de descubrir la absurda mentira de Lucía, quiso saber por qué sonríen tanto las monjas de clausura.

De todos es sabida la existencia de fantasmas, espíritus y almas en pena, en conventos, iglesias, hospicios, hospitales y en general todos aquellos lugares cargados de misterio por el pueblo y la historia.
Por ese motivo, Tamiris, no dudo en merodear por uno de estos lugares, con el fin de averiguar qué es lo que allí pasaba que hacía parecer tan felices a sus habitantes.Se decantó por el convento de las adoratrices perpétuas del santísimo sacramento, no me digas por qué, pero el caso es que una vez dentro, pronto averiguó que lo que allí se cocía, era ni más ni menos, que su manjar más preciado, chocolate y bombones de altísima calidad.
Todas las monjas sonreían sin parar mientras trabajaban en silencio, a ver, tu me dirás, como para no, además también usaban brandy para confitar higos y algún trago que otro, también se echaban, sin tapujos en nombre del señor.
A Tamiris le quedó claro también esta vez, que todo en esta vida tiene una explicación.

 Anduvo por los pasillos, como no, también entró en las celdas, paseó por la cocina y en general por todas las estancias del convento, como Pedro por su casa, sin llamar la atención de ninguna de las hermanas, incluso cambió varias cosas de sitio con el fin de hacerse notar, pero no hubo suerte, entre unas y otras se ayudaban sin dar importancia al tiempo perdido en buscar tal o cual objeto, que Tamiris, había extravíado para alterar el orden metódico del lugar.
Allí hacían cada una, lo que mejor sabía, sin presiones, sin prisa, sin tener que superarse, siendo también razón de más, para lucir siempre en su rostro, una sonrisa.

Aunque Tamiris estaba muerta, se moría de ganas de espiar a Martin.
Estaba tan defraudada, que pensar en él, le proporcionaba una inmensa tristeza que la convertía en un alma en pena y eso, era lo último en lo que se quería convertir.
Debajo de una catalpa, en el patio del convento, la hermana Ramona zurcía unas medias y al observarla, se dio cuenta de que podía leer también, su pensamiento, que en ese momento era esta sorprendente afirmación.
_ El que mea tieso y claro, no necesita médico ni cirujano.

Tras breves instantes de total estupor, Tamiris no quiso seguir indagando, por temor a meterse en aguas pantanosas. De viva, nunca se le dio bien nadar y mucho menos, guardar la ropa, por eso, conociéndose, decidió ir a buscar la real causa de los atascos y caravanas, otra de sus extravagantes curiosidades que no dejaría de descubrir, desde otro prisma y olvidar por el momento, los sorprendentes pensamientos de la monja.

Se decidió por la carretera de Valencia, recordando los viajes interminables de su niñez a Torrevieja.
Se fue a indagar donde estaba la raíz del problema y se sorprendió diciendo:_¡Mujer tenías que ser!., llevándose una mano a la cabeza, como señal de sorpresa. Más tarde descubrió, que en realidad, el que conducía se llamaba Paco y venía de una fiesta de disfraces, muy bien caracterizado, pareciendo enteramente una mujer, por su condición de barbilampiño.

Una vez más, sorprendida por un hombre.
Tamiris recordó que ya llevaba unos días muerta, y tal vez iba siendo hora de merodear por ahí, a ver qué hacía su amado Martin, aunque se temía que tal vez, no se asombrara demasiado.
Solo tenía que pensar en aquella persona que desearía ver y su alma, viajaba atravesando la luz y el sonido, para ponerse junto a ella.
En menos de lo que nunca hubiera llegado a imaginar, estaba en casa de Martin y él frente al espejo, ensayando sonrisas, como siempre, ausente a su presencia silenciosa e invisible para aquellos que no tienen dos dedos de frente.
Lo primero que le apeteció, fue soltarle una gran colleja, pero le amaba a pesar de todo y decidió solo soplar en su nuca, así, comenzaría a divertirse.
El segundo susto sería pasear por su casa, vestida de blanco con un candil en la mano, eso siempre ha dado mucho miedo.
Tamiris no podía evitar taparse la boca para reírse, aun pensaba que la podía oír, eso sí que atormenta.


Entonces, comenzó a reírse en alto, sin tapar su boca con la mano para no dejar salir el sonido, tan contagioso a veces, tan molesto otras tantas y tan atormentador y misterioso, cuando lo oímos sin tener identificado al emisor.
Enseguida pudo ver Tamiris, el efecto causado con su hazaña.
El amado Martín empalideció sorprendente a pesar de su estiloso bronceado. Agudizó el oído con los pelos de la nuca de punta desde la raíz, sin haberse sobrepuesto aun, del soplido recibido y por un momento, pensó.

Esa risa me suena, se dijo mentalmente y si no me sonara, diría que es la de la mujer de mi vida.
Tamiris al oir su pensamiento, murió de nuevo, pensando que él seguía buscando, lo que le dijo que había encontrado en ella, un día.
Estando casi de cuerpo presente y ya se había muerto otra vez, la pobre no ganaba para disgustos.
Así es como muerta y todo, emprendió una nueva vida.

No sin antes, haber dado uno que otro susto a Martinito, con sus paseos en mortaja. Ahí cuando menos lo esperaba, se aparecía a su lado, en la cama, en la ducha, detrás de la cortina de plástico, al fondo del pasillo, en el techo, mirándole siempre desde arriba, de esa forma que él no soportaría.

Viendo que su vida corría peligro, después de cada susto, pues siempre tuvo un corazón muy pequeño y consumido, además de no querer que pasara a formar parte de su mundo de muertos, pues la verdad, no le quería volver a ver ni en pintura. Decidió dejar de asustarle y volar a otros lares.

Recordó aquello que un día, aquel chino, sin venir muy bien a cuento, le dijo: _Espela a la olilla del lío y velás el calável de tu enemigo pasal. Ni corta ni perezosa se fue a la vereda de un  río a esperar. Allí estuvo algunas horas y de repente vió como por el caudal venía un cadáver, se acercó porque sabía que era su enemigo y quiso verle de cerca. La sorpresa fue descomunal cuando se vió asimisma en el agua, a la deriva. Enseguida captó el mensaje. Ella era su peor enemigo.

Tres veces muerta eran demasiadas para Tamiris, aunque cierto es, que había oído hablar sobre que no hay dos sin tres, durante toda su vida de viva, por lo que ya sabiéndolo con certeza absoluta, se quedó, sin duda, mucho mas tranquila. Donde va a parar, ni punto de comparación con la muerte repentina. Ahora, mas asentada en su muerte, comenzó a darse cuenta de lo simple y cotidiano de la vida. Esos movimientos que hacemos a diario sin importancia ninguna, esos que solo echa...mos en falta cuando ya no estamos en ellos.
Sentía las emociones ocultas de los vivos, sus sentimientos y sus pudores y comprobaba día a día que todos sabemos lo que nos espera a la vuelta de la esquina, otra cosa es la mentira, muy recurrente a veces, pero vengadora y traicionera sin distinción alguna.
Vio como caían, cual mosca en mierda, uno a uno, todos los mortales que luchaban, cada uno a su manera, por sus deseos y en definitiva, su propia vida.
Algunos de ellos, valientes, sin tener en cuenta ninguna otra cosa mas, aunque fuera implícita.


Uno de esos días en los que se encontraba envuelta en sus ensoñaciones de muerta, ardió en deseos de resucitar, de volver a la vida y por combustión espontánea producida por su pensamiento, se despertó por los golpes, que un señor llamado Segundo, le propinaba con una manta, eso si, zamorana.

El caso es que Segundo no daba crédito a lo que sus ojos veían. De entre las zarzas y rastrojos que prudentemente, quemaba todos los años en la finca, había aparecido envuelta en llamas, una moza vestida con mortaja. Empezó a sospechar que algo se cocía alrededor de todo eso y no tenía nada que ver, con su vida cotidiana.


Pero ese pensamiento, le duró un suspiro. 
Segundo se llamaba así por nacer después de su hermano Principio, se encargó el devenir de la vida de que ésta transcurriera para él, con la misma aparente simpleza y naturalidad con la que su madre eligió su nombre y el de su hermano y lógicamente, era persona que no buscaba más allá de lo que veía con sus propios ojos, pues sabía con certeza, que si hubiera tenido un hermano, se hubiera llamado Tercero, sin opción, por esa linde se regía.
Una vez sofocado el fuego a golpe de manta zamorana, se acercó a ver si Tamiris respiraba, al comprobar que si, marchó a sus quehaceres con una paja en la boca que arrancó sistemáticamente del camino.
No quiso mirar atrás, ya que era muy discreto como para hacer preguntas y también sabía que si era de su incumbencia, ya se enteraría.

 










Continuará...