domingo, octubre 26, 2014

El fin de los tiempos.

En los albores de la humanidad erase una vez un par de seres humanos que transitaban cada uno por una parte del territorio donde ambos habitaban, sin conocerse, sin ni siquiera verse, sin saber nada el uno del otro.

Un día, sorprendentemente,  fueron atrapados por la cinemática del universo para que, teniendo en cuenta las circunstancias existenciales y vitales de ambos, se juntaran al azar.

Uno de los seres humanos tenía un apéndice que colgaba de su entrepierna, al que se unían como si fuera un accidente, una especie de vejigas o bolsas, dos.

El otro ser humano tenía una incisión hacía dentro, bastante profunda al parecer, en la entrepierna también.

Eso, les diferenciaba básicamente, al uno del otro, luego se fueron descubriendo algunos otros aspectos que sumaban a su diferencia.

El humano, vamos a llamarle Dentro (por la incisión) a partir de ahora, había almacenado en todo el tiempo que había estado solo, algunos víveres preventivos, sin saber muy bien por qué.
En cambio el humano, vamos a llamarle Fuera ( por el apéndice y vejigas) a partir de ahora, había perdido y gastado todo lo que algún día tuvo.

Se conocierron sin venir a cuento, el tercer día ya estaban discutiendo, salvaron obstáculos, siguieron discutiendo, saltaron montes, se destrozaron, se recompusieron, se gastaron los víveres preventivos de Dentro y en ese preciso instante, Fuera,  decidió que tenía que partir lejos de allí.

Ya no había víveres y Fuera atisbaba el peligro, visualizando un horizonte secreto,  lleno de víveres solo para él, así que prescindió a toda consta de Dentro que no era capaz de reaccionar a los estímulos, ni auditivos, ni visuales, ni dolorosos, había caído en parada cardiorespiratoria, así tan joven, sin haberse divertido lo suficiente.

Se fue al otro barrio sin más, y Fuera vivió el resto de su existencia viendo espíritus en los rincones de su corazón.

Finito.