viernes, agosto 01, 2014

Muertos viviendo.

El día que me contó que había visto su propia esquela en el periódico del domingo, supe con certeza, que algo definitivamente, había cambiado. Me miró tranquilo y me dijo: _ya decía yo que no tenía ganas de nada, cómo iba a tener, si hasta he muerto y no me he dado cuenta, no se ni cómo ha ocurrido. ¿tu sabes algo?.

Intenté pensar con rapidez con el fin de afrontar aquello, la verdad es que no sabía muy bien qué responder, así que guiado por un instinto natural,  no se me ocurrió mejor cosa que decir: _Ah, si claro, no te preocupes, yo también lo estoy, no pasa nada. Mirá, dije cogiendo sus manos con las mias y llevándomelas a la cara. _Tócame, ¿ves?, sigo estando aquí, igual que tu, no es importante, no pasa nada.

Respiró con alivio y al poco rato me preguntó que cuando era el entierro, no tenía ropa que ponerse y eso le preocupaba, qué iban a pensar los vecinos, con lo que con mucha calma, le convencí de que ya nos enterraríamos en otro momento, además eran las segundas rebajas, tal vez mañana podíamos salir a comprar algo de ropa especial para la ocasión, le pareció bien, así que brindamos con nuestro poleo menta fresquito para celebrar nuestra gran idea.

Poco tardó en revolver en su obsesivo pensamiento nuevamente, para comunicarme que quería enterrarse en primavera, ya que estaba convencido de que él era simiente de tomatera, le gustaba tanto el tomate y había comido tantos en toda su vida, que no podía ser de otra forma. Aproveché entonces para decirle que como ya sabía, estábamos en el mes de Julio, tendríamos que esperar al año que viene si queríamos que su deseo se cumpliera.

La realidad de aquella escena, simplemente era otra, otra más, de las miles de realidades que nos rodean, ceñirse a una sola es como si cortáramos las alas a los pájaros que nacieron con ellas puestas.

Abrir las puertas y las ventanas, que pase el fresco...







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