jueves, agosto 07, 2014

El fuego

Cuenta la leyenda que quien juega con fuego, al parecer al final, se quema. Pero también es cierto que prender una cerilla es un remedio muy eficaz contra el olor a mierda. Que contrariedad, algo que puede hacer daño y que también sirve para algo positivo y aliviador. Cosas como estas suceden a cada rato en la cotidianidad del transcurso de la vida. ¿ Qué se debe hacer?, no olvidemos que para prender un fósforo es necesario una cierta destreza. Recuerdo aquel día que prendía una y otra vez los fósforos de una caja de esas de cocina, eran de madera y de muy mala calidad o bien estaban pasados, ninguno prendía a la primera. Para no dejar rastro, yo metía los fallidos en la caja, mi estado de ánimo era cada vez mas ofuscado y nervioso, al ver que no se cumplía mi objetivo, el caso es que tanto va el cántaro a la fuente que al final se rompe, y cuando por fin conseguí prender uno, en acto involuntario lo introduje encendido en la caja de cartón llena, llevada por la sinergia o cinemática de mis movimientos repetitivos, produciendo una combustión casi espontánea en mis manos ocupadas, la postura que tenia en ese momento, tampoco me acompañó, y el susto aun permanece en mi recuerdo. El olor se disipó, sin duda, pero pude constatar al mismo tiempo que efectivamente, quien juega con fuego, tiene todas las papeletas para quemarse.
Con esta reflexión, llego al pensamiento de que si el río suena, agua lleva, es decir, siempre hay que tener precaución con estas contrariedades que nos rodean, pues ni todo es tan malo ni tampoco tan bueno. Mi recomendación es ojo avizor.

viernes, agosto 01, 2014

Muertos viviendo.

El día que me contó que había visto su propia esquela en el periódico del domingo, supe con certeza, que algo definitivamente, había cambiado. Me miró tranquilo y me dijo: _ya decía yo que no tenía ganas de nada, cómo iba a tener, si hasta he muerto y no me he dado cuenta, no se ni cómo ha ocurrido. ¿tu sabes algo?.

Intenté pensar con rapidez con el fin de afrontar aquello, la verdad es que no sabía muy bien qué responder, así que guiado por un instinto natural,  no se me ocurrió mejor cosa que decir: _Ah, si claro, no te preocupes, yo también lo estoy, no pasa nada. Mirá, dije cogiendo sus manos con las mias y llevándomelas a la cara. _Tócame, ¿ves?, sigo estando aquí, igual que tu, no es importante, no pasa nada.

Respiró con alivio y al poco rato me preguntó que cuando era el entierro, no tenía ropa que ponerse y eso le preocupaba, qué iban a pensar los vecinos, con lo que con mucha calma, le convencí de que ya nos enterraríamos en otro momento, además eran las segundas rebajas, tal vez mañana podíamos salir a comprar algo de ropa especial para la ocasión, le pareció bien, así que brindamos con nuestro poleo menta fresquito para celebrar nuestra gran idea.

Poco tardó en revolver en su obsesivo pensamiento nuevamente, para comunicarme que quería enterrarse en primavera, ya que estaba convencido de que él era simiente de tomatera, le gustaba tanto el tomate y había comido tantos en toda su vida, que no podía ser de otra forma. Aproveché entonces para decirle que como ya sabía, estábamos en el mes de Julio, tendríamos que esperar al año que viene si queríamos que su deseo se cumpliera.

La realidad de aquella escena, simplemente era otra, otra más, de las miles de realidades que nos rodean, ceñirse a una sola es como si cortáramos las alas a los pájaros que nacieron con ellas puestas.

Abrir las puertas y las ventanas, que pase el fresco...