martes, diciembre 31, 2013

El recuerdo es un espejo.

Y deseó con todas sus fuerzas que se le aparecieran los tres fantasmas de la Navidad, con el único fin de que le dieran a conocer el significado de la palabra empatía.
Habitualmente, una persona que solo mira a su ombligo suele ser incapaz de calzar las chanclas del que tiene en frente, pero esta vez lo haría sin remedio; nunca hizo nada por lo demás, solo si había algo que llevarse entre las uñas tal vez se implicaba, pero si había sentimientos de por medio, huía, el miedo le mordía los órganos por dentro y ante esa situación previsiblemente dolorosa e incómoda prefería mirar para otro lado buscando un lugar donde todo fuera de cartón, un atrezzo, siempre representando un papel en el que su realidad pasaba desapercibida, posando con la mejor de sus sonrisas, con el disfraz puesto.

Aquella noche justo antes de que terminara el año,  algo en su vida iba a cambiar para siempre, pero él aun no lo sabía.

Llegó a casa de mal humor, caminando de un lado para otro con el ceño fruncido, discutía con alguien por teléfono, a fin de cuentas era las dos cosas que mejor se le daban, especializado en despellejar a diestro y siniestro y en hablar horas interminables por teléfono. Por fin colgó y dijo en voz alta: _ ¿hola?, quería asegurarse de que estaba solo en casa, pero obtuvo respuesta para su asombro. Salió del baño en dirección al salón para identificar a quien le había respondido y lo encontró de frente quedándose perplejo al contemplar a aquel espectro al que reconoció en seguida, era Tino Casal, vestido con sus mejores galas, vino del pasado para buscarle y que se dieran una vuelta juntos.

Lo que aquel hombre le mostró fueron recuerdos de esos que se tienen bajo llave y escondidos en el más profundo de los rincones, visualizó situaciones vividas en el pasado, percibió el sufrimiento provocado en otros por su indiferencia y  la soledad que había hecho sentir a algunas personas que habían pasado por su vida. No pudo esbozar el mínimo gesto, sus ojos desmesuradamente abiertos, comprobaron cuanto tiempo había perdido, imposible ahora de recuperar, cuanto daño había hecho sin atisbo ya de solución. Vio como espectador la otra parte jironada en la que él jamás había reparado. No aguantaba la visión y rogó con los ojos llenos de lágrimas volver al presente, el fantasma le hizo reconocer que era afortunado pues muchos de esos seres que había visto, cada uno a su manera aún estaban ahí hoy en el presente, algunos incluso muy cerca de él por si los necesitaba.

Todo se difuminó en miles de añicos y Tino se despidió con su preciosa sonrisa, envuelto en su capa de leopardo con hombreras de vértigo, solo el reflejo de sus propios ojos en el cristal de la ventana le devolvieron en si y se halló a sí mismo con un color amarillo como la cera en el rostro atónito y atolondrado.

Después de varios minutos meditabundo con todas las imágenes pasadas dando vueltas como una noria en su cabeza, decidió descansar tendido en la cama, pues las horas que llevaba sin dormir le reclamaban la deuda con apremio. Se encaminó hacia el dormitorio y cuando entró casi le sale el corazón por la boca al encontrar que Nelson Mandela estaba tumbado en su cama de lado mirando hacia la puerta, con un brazo flexionado cobre el codo soportando con la mano su cabeza y en ella, una sonrisa llena de perfectos dientes que le invitaba a ver su realidad de cerca.

Sin tiempo para descansar,se elevó acompañado por el fantasma unos metros del suelo para poder ver todo sin estorbos y visualizó los últimos acontecimientos de su vida presente; vaya forma de hacer las cosas, vaya forma de decirlas, vio como poco a poco se estaba quedando solo y por qué, muchas personas ya le conocían y se apartaban de su camino con solo verle aparecer, aunque si lo disimulaban ante él, mintiéndole y haciéndole ver otra película, otros no tenían el valor para enfrentarse, nadie lo respetaba,  pero si que le temían y esquivaban; a los que creía tener junto a él, era así porque no trataba con ellos nada más que de vez en cuando y a distancia,  no existía convivencia ni la existiría, se encontraban a salvo.
Cuantos engaños, cuantas mentiras, cuantos disimulos, como ponía en juego las cosas sin tener en cuenta las consecuencias venideras, qué bien se le daba buscar un culpable para todas sus desgracias o desventuras, que venía a ser siempre la misma persona, la piedra de tócame roque, la cabeza de turco, donde desatar todas las iras que contenía por falta de valor con el resto de su entorno con los que disimulaba y a los que muchas veces maldecía siempre a escondidas.

Quiso no mirar, quiso no verlo, quiso darse la vuelta, regresar a su cama a acostarse con una nube de sentimientos revueltos en su cabeza que le ardían también en el pecho con un galope desenfrenado de impotencia y rabia contenida.

La imagen se descompuso con un barrido desde abajo hacia arriba y Nelson se despidió con su perfecta sonrisa; solo el sonido del timbre logró sacarlo de su ensimismamiento y mareado se levantó de la cama sin saber qué hora era y con la sensación de no haber dormido, para ver quien era, se aproximó a la entrada y al mirar por la mirilla no había nadie, abrió la puerta para asegurarse y mirar quien podía haber sido y la sorpresa fue descomunal.

Un par de policías intentaban localizar en el vecindario a algún familiar o al cónyuge, para que identificara su propio cadáver, esta vez el accidente fue mortal, se quedó dormido al volante regresando de un viaje con las horas de apremio en su espalda.
Preguntaban por una mujer que era la última pista que tenían de su ultima convivencia, pero lo que no sabían es que la había echado de su vida hacía pocos días porque no soportaba amar ni ser amado. No localizaron a nadie, su teléfono y su cartera salieron disparados entre llamas en el siniestro.
Su familia disfrutaban todos juntos de unos días de vacaciones en algún lugar lejano, ajenos a su falta, ya estaban acostumbrados, el nunca asistía, se habían hecho a la idea de que sus visitas fueran breves y distendidas en el tiempo, no lo echaban en falta, así no discutían y podían preservar su felicidad construida.

Uno de los policías era Manolo Escobar, se acercó a él y con la mejor de sus sonrisas, saludó llevando su mano a la gorra y amablemente,  enseñándole una foto suya, preguntó si le conocía.  Su cara se descompuso mientras la escena de disolvía entre una nube de niebla blanquecina, Manolo se despidió con una guitarra a ritmo de rumba.

Solo los besos que recibió en su espalda desnuda le llevaron de vuelta a la realidad, en lugar de gruñir y despotricar, esta vez fueron un alivio infinito que recibió con la mejor de sus preciosas y perfectas sonrisas, nada más levantase se puso ante el espejo y supo al ver su semblante, que su vida había cambiado.

Fin.


Imagen tomada prestada de www.mixplay.tv, cuento basado en el personaje creado por Charles Dickens, llamado Ebenezer Scrooge y su experiencia con los tres fantasmas de la Navidad.




















El asesino del año.

Era el último día, así es que recopiló todo lo malo que había sufrido en el año, lo metió en un saco y con un palo la emprendió a golpes, doce dio, siguiendo el ritmo de las campanadas del año nuevo, uno tras de otro, hasta que sintió que nada dentro de aquel saco se movía.

Arrastrando el saco por el pasillo, salió al descansillo, miró para asegurarse de no coincidir con nadie, todos celebraban en ese momento.
Bajó hasta el portal, una vez allí hizo lo mismo, miro al rededor y salió lo más veloz que pudo hasta el coche, abrió el maletero y con mucho esfuerzo metió el saco dentro, circuló sin rumbo fijo hasta que sin darse a penas cuenta,  apareció ante él un páramo vacío y solitario.

Paró el motor, volvió a asegurarse de que por allí no había nadie, bajó del coche, sacó el pico y la pala del maletero y cavó un agujero negro y profundo como su corazón, allí depositó el saco y lo enterró.

Una vez alisada la superficie respiró profundo sabiendo que, exactamente dentro de 365 días, tendría que cometer otro asesinato si no cambiaba su suerte.


jueves, diciembre 26, 2013

domingo, noviembre 03, 2013

Aquel Martes

Minutos antes de que el temido sonido del despertador  hiciera su debut en la madrugada del martes,  (ni te cases ni te embarques), una terrible borrasca proveniente de vaya usted a saber donde,  se instaló con sus nubes negras como el carbón,  encima de mi cabeza durmiente y se quedó allí esperando al acecho hasta que me desperté, aprovechando entonces para caerme encima como un alud.

De un manotazo perezoso pero contundente y pesado le propiné un golpe al riiiiiing hasta dejarlo mudo de por vida, salió volando de la mesilla como si tuviera alas y vida propia, soltando en su vuelo el lastre de la pila y un pedazo de alguna parte de su cuerpo redondo de plástico duro.

Al abandonar la cama cálida con bastante esfuerzo,  me debí dar con la borrasca en el occipital, sentí como si por dentro de mi cabeza algo estuviera suelto, produciéndome un leve pero puntiagudo dolor.

Fui arrastrando los pies hasta la cocina para preparar un café, ese eterno amigo mudo,  que con su aroma y mágico sabor hace abrir los ojos cada día a miles de personas en el mundo; me encontré la cafetera sucia, con lo poco que me gusta  mojarme solo las manos a esas horas, al abrir el grifo sin saber las causas el agua salió a no menos de 100ºC quemándome viva, por lo que un alarido salió de mis fauces a las seis de la madrugada a modo de sirena de buque, que debió escucharse en los aledaños y parte del Universo interestelar.

Con las manos en carne viva conseguí preparar la cafetera, me dispuse a coger el bote de café que habitaba en una estantería alta de mi cocina, me alcé de puntillas para auparme hasta el bote y otra sorpresa desagradable, el bote me asaltó encima sin miramientos,  los tendones de mis pies nerviosos y de punta se agarrotaron sin piedad, ¡¡por el amor de Dios! ¡¡qué dolor!!, el dedo gordo de punta,  me descalcé deprisa, y corriendo descalza comencé a caminar por el suelo frío de la cocina, para allá y para acá, con la cara sostenida en una mueca inexplicable y unos pelos solo para la intimidad de una misma.

Por fin se fueron estirando los dedos y volviendo a su estado natural con el frío del piso y ya con aire enfurecido pude notar el incipiente chichón en mi frente, mas que nada por su repiqueteante latido. El frasco se había precipitado al suelo abriéndose de par en par, dejando caer los polvos negros por doquier. Recuerdo que mascullé entre dientes,  creo que hasta juré en arameo, todo el suelo cubierto de café con un adorable olor inundando mis sentidos al completo. En ese momento no disponía  de tiempo ya era tarde, apuré del bote lo que quedaba para poder llenar la cafeterita que puse en el fuego a la velocidad del viento y corrí a la ducha ansiosa por terminar con la pesadilla mañanera, entré en ella y cuando fui a cerrar las puertas de la mampara,  ¡coño! las puertas se salen de sus carriles!! Por los clavos de Cristo!! pronuncié vocalizando y en  tono elevado, en ese momento desee la muerte, en pelotas, con las manos doloridas y abrasadas aun, un chichón en la frente que me latía con furia, con los pies negros pringados de café molido y con una de las puertas de la mampara en mis manos. Tras mucho esfuerzo y sobre todo,  tras varias patadas en la parte de abajo de la mampara con el pie desnudo, conseguí encarrilar la puerta, el tiempo corría, tenía que ser veloz si no quería llegar tarde.

Me dispuse a ducharme, intenté mover la posición de la ducha para ponerla un poco mas alta y ¡joder joder joder! , se rompió el soporte,  por lo que ya sin pensarlo continué duchándome, con una mano me enjabonaba y con la otra ayudándome de la entrepierna sujetaba el puño de ducha que no tenía donde apoyar.

Uffff, me encontraba agotada y eso que acababa de levantarme, salí de la ducha sin idea alguna del vestuario que iba a ponerme, pensé en varios atuendos, pantalones negros y estaban para planchar, en el marrón y estaba en la lavadora, por fin pensé en la falda morada, por lo que busqué una medias en el cajón que cuando fui a ponerme se rajaron de arriba abajo haciéndose jirones, -¿Esto es verídico? pregunté mirando al cielo-techo de mi habitación y no obtuve respuesta.

De repente un olor caliente y tostado invadió la estancia, ¡Dios bendito! el café se había quemado y burbujeaba cociendo bravamente y chorreando por doquier por toda la cocina; en una carrera frenética fui hacia allí en sujetador con las medias hechas trizas, quité el café del fuego y miré el reloj, eran las 7 de la mañana, disponía de tan solo quince minutos para terminar y salir de túnel de los horrores, pero antes decidí tomar un sorbito de café.  Me abrasé la lengua, los dientes, el paladar, la garganta, el esófago y por fin el estómago, ademas no puse azúcar por lo que fue un trago de hiel al rojo vivo.

Conseguí vestirme malamente con unos vaqueros rotos y un jersey lleno de pelotillas, bajé corriendo las escaleras, tropecé y caí rodando el ultimo tramo con bolso y todo que al estar abierto produjo una explosión de objetos varios por los suelos , móvil, llaves, bolígrafo, tabaco, mechero, monedas, mas llaves, papeles, barra de labios, perfumador, pañuelos, tampones, compresas..., recogí todo metiéndolo apelotonado en el maldito bolso, salí a la calle y corrí sin control buscando el coche intentando recordar en mi carrera donde lo aparqué, no se por que siempre me olvido, me acordé sobre la marcha y estaba en dirección contraria a mi carrera, por fin lo encontré, lo abrí, me subí, puse en marcha el motor y me pregunté_ ¿A donde voy, no fue ayer cuando me echaron del trabajo?.


domingo, octubre 13, 2013

AHÍ HAY UN VAMPIRO QUE DICE ¡AY!

- ¡LA ESTACA! ¡LA ESTACA, QUE NO ES FRESNO!.
- ¿no me digas?, ¡entonces apaga y vámonos!
Se miraron rápidamente con los ojos muy abiertos y dijeron al unísono, - ¡Pies pa' que te quiero!
Después del asombroso y sorprendente descubrimiento de llevar una estaca inválida, que no servía nada más que para darle de palos a alguien, la carrera interminable de dos personas saltando los cardos, zarzas  y cruces de un cementerio lúgubre, como no y solitario lógicamente,  fue todo uno.
La verdad es que tardaron en entender que tenían que matar a un muerto, pero aquella bruja se lo dejó bien clarito, es un muerto viviente y hay que rematarlo, lo que no les dijo fue el cómo.

miércoles, junio 19, 2013

El oráculo Maldito II

En Venus habían comunicado por las pantallas galácticas que se iba a producir un fenómeno atmosférico nunca visto, nos reunimos todos con nuestras antenas conectadas para presenciarlo, captar las imágenes con nuestro ojo común y así poder guardar un documento gráfico para la posteridad.
Mientras, en otro lugar no muy lejano del espacio interestelar algunos mecanismos de la nave fallaron, no era posible el camino de regreso al planeta Tierra sin antes hacer escala en algún lugar intermedio del sistema solar. Consultaron al oráculo y después de un inquietante silencio, recomendó Venus como la opción más loable. Inmediatamente programaron la nave en esa dirección con el propulsor a chorro y en cuestión de tiempo atravesó la atmósfera de ese planeta sin causar estrago alguno en los venusinos que para sorpresa estaban todos reunidos esperando el acontecimiento.
Exactamente 112 segundos pasaron y la nave explosionó fundiéndose en la atmósfera ante los aplausos y vítores de la multitud que nunca olvidó el fenómeno.

lunes, abril 08, 2013

Fase III

A las siete y media de la tarde, en la residencia se preparan para acostar a los ancianos dependientes e inducir poco a poco a los más autónomos a que lo hagan ellos solos.

Desde el sillón donde estoy sentada, veo el pasillo y la puerta de la habitación de María Tellez, escucho como la auxiliar dice a María que ya va siendo hora de acostarse, a lo que ella responde algo enfadada, que mañana va a ir a la estación del Norte a sacar el billete para Santander, que esta deseando verse en su casa, que allí hay gente que no tiene educación, que no saben ni lo que es ir al colegio. La auxiliar aprovecha la coyuntura para decirle que  por eso tiene que acostarse ya, para que pueda madrugar mañana e ir a por su billete bien temprano; todo esto mientras acuesta a su compañera que no puede andar, entonces veo como María aprovecha también el trajín de la cuidadora,  para salir del cuarto arrastrando los pies, casi corriendo y sin el andador,  enfilando el pasillo hacia la sala donde está el televisor y los demás ancianos esperando a ser acostados. Salí a su encuentro para ayudarla, por miedo a una caída,  y se sobresaltó al oír que alguien la llamaba a su espalda; la habían pillado huyendo;  llevaba una coleta alta, blanca por completo, no consiente que la corten el pelo, me miró con sus grandes ojos brillantes y una amplia sonrisa como siempre, la pregunté por su andador y cogiéndose a mi brazo con total confianza, me dijo que lo había dejado allí, señalando a su habitación. La encontré muy bien, había bajado de peso y sus piernas ya no parecían tan pesadas, me dijo que la llevara al salón que iba a sentarse, hoy ella dice que tiene 24 años y aun no quiere acostarse.
La senté en el sillón que eligió y me despedí de ella hasta mañana, a lo que me dijo que no sabía si estaría por allí.
Cuando me marchaba,  mientras esperaba al ascensor me preguntó desde su asiento como si no me hubiera visto jamás,  _Oiga, disculpe, ¿sabe si la estación del Norte pilla cerca de aquí?.



martes, marzo 05, 2013

Mio

Solo a las niñas guapas y a los hermanos que se las presentaban dejaba el barquero cruzar el río gratis. A las abuelas las cobraba con buenos guisos y panes recién hechos, a los hombres les pasaba a cambio de unos vinos en la taberna del pueblo y lo mejor de todo es que el barco no era suyo, un día le pintó MIO en el casco y  le quitó el amarre del muelle en el que llevaba años muriendo.

lunes, febrero 18, 2013

Hombre prevenido ...

El día que apareció en el trabajo media hora más tarde de lo previsto no pudo disimular, no hubo escusa, iba envuelto en una sábana que le asomaba por debajo de las ropas y también sobresalía por el cuello de su camisa, además de producir una enorme y blanda chepa en su espalda, dio a entender con total claridad, que aquel día ,se le habían pegado las sabanas.
En la hora de descanso se marchó presuroso a la casa de socorro, allí después de ser sometido a una intervención de urgencia, por fin se liberó de ellas, desde entonces duerme en la bañera vestido con la ropa del día siguiente.

Ella sabrá lo que hace


Ella sabrá lo que hace, debemos seguirla si queremos llegar al refugio, después de tantos años trabajando en estos montes tiene que saber cual es el camino de vuelta, el que no confíe y quiera abandonar es libre de hacerlo, pero tener en cuenta que esa decisión conlleva unos riesgos importantes, la niebla es cerrada y el sol se ha puesto hace mas de una hora, pronto no habrá visibilidad y será mas fácil desorientarse.
La mayoría tomó la decisión de seguirla precipitándose por el acantilado.
En los periódicos los titulares que figuraban apuntaban a un suicidio colectivo.

domingo, febrero 17, 2013

OTRO FINAL PARA RELATO "LAS JOYAS" de Guy de Maupassant



Una vez solo en casa y rendido por la fatiga después del disgusto, se sentó en su sillón y comenzó a pensar en como había podido ser tan ingenuo.

Se levantó impetuoso entrando como una tempestad en el cuarto de su esposa , intacto hasta ese momento y poniendo todo patas arriba buscó una señal que confirmara sus sospechas, ella murió de repente y no tubo tiempo de esconder las pistas de su secreto, y en efecto, allí en el fondo de un cajón , en el que ella guardaba su lencería, encontró la confirmación que abrió los ojos, mostrándole algunas notas aun perfumadas en las que pudo comprobar que tenia encuentros pactados cuando iba al teatro, un burgués que la amaba y la pretendía, dándola todos los caprichos que pudiera desear.

La herida se manifestó con un pinchazo agudo en el pecho que le obligó a caer de rodillas al suelo y dejarse llevar en el laberinto de la desesperación y la vergüenza, esta vez sin limites, pues estaba solo.

Al cabo de unos días sin aparecer por el Ministerio fueron a buscarle a su casa en la calle de los Mártires, numero 16 y lo encontraron sin vida en el suelo donde cayó con las notas arrugadas entre las manos, no pudo superar el trance y se fue dejando evidencias del engaño sufrido para todos sus compañeros y amigos además de los empleados de la joyería que tenían datos sobrantes al respecto

Date con un canto en los dientes

Date con un canto en los dientes, en los dientes date con un canto en los dientes date..., tras escuchar esta retahíla me empecé a fijar en la dentadura de los seres que me rodeaban observando con estupor que el 85% estaban mellados, algunos incluso desdentados de los incisivos centrales haciéndome sospechar que ellos si se habían dado bien fuerte. Ya nadie ríe abiertamente supongo que por miedo a mostrar las mellas fruto del constante golpeteo con cantos o cada uno con lo que pueda según el momento. Si hay que darse con un canto en los dientes se da uno, pero siempre con sumo cuidado si se rompen ya no podrás darte ni con un canto ni tampoco cantar.

sábado, febrero 02, 2013

LA SÉPTIMA OLA




Como tantas veces había hecho de niño, cogió el cubito rojo, el rastrillo, la pala, se caló el gorro hasta las cejas y se acercó a la orilla buscando la arena húmeda, eligió el mejor sitio, se arrodilló y comenzó a cavar por aquí y por allá, rastrilló, alisó, levantó paredes, hizo fosos, puentes, escaleras y murallas, en a penas unas horas tenía un hermoso castillo.

Ensimismado se puso en pie para mirar desde otra perspectiva, se retiró unos metros, la marea subía a hurtadillas era el momento de contar las olas, en la séptima sabía que también esta vez lloraría.

COMIENZO IDÍLICO

Aquel fue el más mágico y caluroso verano de todos los tiempos, un Domingo cualquiera mientras entreveían desde la cama a las cigüeñas amarse en lo alto del campanario, un rayo de sol entró puntual por la ventana traspasando las hermosas cortinas de lino blanco creando un brillante reflejo en su cabello negro extendido a lo largo de la almohada. La calma cálida llenaba la estancia por completo, desde que se apeó del automóvil el viernes, no había soñado con otra cosa que la de comerle a besos pues su sed de amor era insaciable y allí estaban solos por fin, el uno para el otro sin miedos ni secretos.

COMIENZO SUGERENTE

Cuando conocí a Nicolás fue porque le recogí del suelo, estaba tendido durmiendo en las vías del tramo clausurado entre Ocejín y Piñuelas , lo primero que hice fue darle de beber, tenía sed, los labios resecos, el sol había quemado su cara y me miraba perplejo, sin poder creer que esta vez tampoco había muerto. Al caer la tarde, sentados junto al fuego, me relató sus intentos fallidos de quitarse la vida; eligió estrellarse con un viejo automóvil negro que robó en la funeraria del pueblo, lo más que consiguió fue un arañazo en la frente que le causó una rama del árbol contra el que fue a parar, otra vez decidió lanzarse desde el campanario cayendo en un carro cargado de alfalfa que pasaba por allí en ese preciso momento. Ahora había pensado en el tren, que no pasaba por allí hacía años, para acabar con su vida.

PREMONICION



Por favor ¡Silencio!, dijo Paquita Luján, dando golpes con el bastón en la antigua, pero recién acuchillada tarima.

Vamos a ver: _ Alguien de ustedes ha visto alguna vez a un individuo, nadando en las dunas del desierto?

Esta pregunta se quedó resonando en el aula y permaneció flotando en la mente de más de uno de los que allí estábamos, aunque en realidad se quedó sin respuesta o yo hoy, ya no la recuerdo.

Corría el año 1.990, la mayoría de edad entraba en nuestras vidas como una exhalación, con una diferencia de días, semanas e incluso meses, el ambiente cargado de energía incontrolada y efervescente, aportaba un aroma a humanidad; torrentes de feromonas, testosterona y demás estrógenos campando a sus anchas en aquel lugar de techos altos y antiguos; estábamos todos muy juntos aunque había espacio mas que de sobra, pero aquellos pupitres siameses unidos por una fría barra de hierro, nos hacían acurrucarnos unos con otros, sobre todo con el compañero de al lado, y aunque no hubiera sido así, en ese preciso instante de nuestras vidas nos comportábamos como una gran camada de alguna extraña especie animal desconocido, a la que sus padres, que habían salido a cazar, habían dejado momentáneamente en un lugar seguro, donde nos instruían, para el día de mañana, hacer lo propio.

Eran años felices, el ochenta por ciento del día lo pasábamos carcajeando de alguna tontería, un pelo, una mosca posada en algún lugar insospechado, un bigote, una camisa de algún profesor incauto; cantábamos sin complejo a viva voz, corríamos escaleras abajo zapateando en aquellos peldaños de madera pulida y gastada. El ascensor era antiguo y estaba prohibido utilizarlo, por los alumnos. Era un edificio de la calle de Atocha construido a principios de siglo y había vecinos de renta antigua, todos ancianos, con los achaques propios de su edad, que no aguantaban tanto jolgorio porque sus ganas de correr y cantar habían pasado de largo hacía ya algunas décadas.

Más de una vez nos cruzábamos en el portal con alguno de los ancianos que nos miraba con temor, empequeñecido, temblorosos,  se refugiaban contra la pared o contra los buzones, por miedo a recibir un pisotón o una embestida con alguna mochila cargada de libros, que los hiciera caer al suelo; sus huesos frágiles debían ser preservados hasta el momento de partir.

Un día, observando desde el gran portal el ir y venir de la juventud, comparado con el ir y venir de la vejez, comprendí que si la ley de la vida no se veía sorprendida por algún hecho fortuito, yo y todos los que circulaban por allí con soltura y desenfreno, llegaríamos a tomar el mismo ritmo cansado y dolorido al alcanzar la edad de los abuelos que allí vivían.

En ese momento me encontré con María, tenia ochenta y siete años y un moño blanco y pequeño pegado a su nuca, vestía de negro riguroso y llevaba un pequeño mandil , volvía de la compra despacio; fui corriendo a ayudarla con las bolsas, no pesaban pero se había roto el asa de una y no se hacía con ella. La acompañé en el ascensor hasta su piso, así aproveché para montarme en aquel artilugio que tanta curiosidad me causaba, además de subir los niveles de mi adrenalina, pues chirriaba como gatos apareándose en febrero y parecía que se iba a descolgar en cualquier momento; sacó su manojo de llaves y abrió la puerta con sus dedos deformes por la artrosis, me invitó a pasar y a tomar un café con pastas mientras me hablaba sin parar de mil cosas que a penas hoy recuerdo.

María era viuda desde hacia veinte años y Dios, como ella me contó, no quiso darla hijos, sus padres lógicamente, también habían fallecido hacía años y la única familia que tenia era su hermana Lola que vivía en Gijón con un hijo, muy ocupado y muy listo; Lola tenía diez años menos que ella.

La observé detenidamente mientras me contaba vida y milagros, tenía una mirada clara, brillante, llena de luz y se limpiaba sistemáticamente la boquita desdentada con un pañuelo que sacaba de la manga de su blusa, me pareció feliz en ese momento y llenó mi ánimo con una extraña melancolía de los recuerdos de otro tiempo.

Al mirar el reloj comprobé que me salté la clase de trigonometría y también la de estadística, por lo que decidí pasar de Literatura y seguir charlando con aquella pequeña mujer que tanta necesidad de hablar tenía y que a mi me enriquecía.

Fue entonces cuando me contó, con cierto resquemor, que la noche anterior había tenido un sueño.

Estaban de jóvenes en la Dehesa de la Villa de merendola como hacían miles de madrileños en aquella época, bailó con su Santiago y cantó canciones con su madre, al compás del acordeón que tocaba su padre; recordaba también haber visto en el sueño a su vecina Pili y a  la Filo, una prima suya que bailaba con Inés; también vio a Paco, compañeros de su trabajo todos ellos fallecidos. En ese momento tembló su voz y
con una seguridad aplastante, me dijo que sabía con certeza, que esa misma noche partiría para siempre dejando esta vida, que se lo habían dado a entender sus familiares y amigos que vio en el sueño, además se percató que Lola que aun vivía, no apareció por ningún sitio en su sueño y que con lo cantarina que había sido siempre,  tendría que haber estado en una de las primeras filas de aquella fiesta en la Dehesa de la Villa.

Quise tranquilizarla de alguna forma torpe que yo no sabía; ella, mayor que yo, lo notaba y fue la que me tranquilizó a mi, recordando lo feliz que se sentía de haber vivido su vida al lado de las personas queridas, agradeció que me hubiera cruzado en su camino en el ultimo de sus días y puso en mis manos la llave de su casa, pidiendo el favor de que al día siguiente, comprobara que no estaba equivocada.

No pude controlar la emoción, acababa de conocer a María, en cuatro horas la quería como a alguien de mi familia y supuestamente, ya tenia que despedirme para siempre de ella, fugaz en mi vida, como una estrella en el firmamento, no podía creerlo, pero en el fondo de mi, sin saber por qué, si la creía.

La besé en la mejilla largo y profundo, aspirando el aroma a jabón de su cara arrugada y tierna, la abracé con cuidado para no hacerla daño y me marché con la llave apretada en la mano hasta hacerme una marca que me dolía, pero nunca tanto como la creencia absoluta, de que no la volvería a ver como aquel día.

Aquella noche no pude dormir, no paré de rememorar los recuerdos de María, sus vivencias, sus sentimientos; lloré apretando la almohada contra mi cara, no podía hacer nada, no estaba en mi mano y recé no se muy bien a quien, para que al día siguiente me encontrara con María y siguiera compartiendo conmigo retales de su paso por la vida.

Fue como nadar en las dunas del desierto, pues curiosamente, tal vez no sepamos cuando entramos en escena, pero nadie mejor que uno mismo sabe, cuando la función ha terminado.

María murió esa misma noche tal y como ella misma había pronosticado por los mensajes que decía haber recibido en su sueño. Cuando la vi parecía dormida, estaba tranquila, como recién peinada y sonreía. Una nota para mi es su mesilla, me daba instrucciones para llamar a su hermana Lola, la única persona que aún permanecía viva de su familia y se gestionaran todos los preparativos para su despedida. Pedía ser incinerada y que sus restos se dejaran volar desde el teleférico.

Cumplí todas sus peticiones y desde entonces en la atmósfera de Madrid se respira su esencia esparcida.




Fin.

EL ORÁCULO MALDITO





Fallaron algunos mecanismos, no era posible el viaje de retorno al planeta sin antes hacer escala en algún lugar intermedio del sistema solar. Consultaron al oráculo y después de un inquietante silencio, recomendó Venus como la opción más loable. Programaron la nave en esa dirección con el propulsor a chorro y en cuestión de tiempo aterrizo sin causar estrago en los venusinos, que para sorpresa ya esperaban el acontecimiento. Algo extraño ocurría, estaban impacientes, 112 minutos y la nave se fundió en la atmósfera ante los aplausos y vítores de la multitud que nunca olvidó el fenómeno.

EL SUEÑO DE LOS DOS GRANDES DEDOS





Sentada en una piedra mirando al firmamento, vio sorprendentemente como de entre las nubes, salían dos enormes dedos haciendo la tijera. Clic, clic , pudo escuchar perfectamente como si alguien sentado a su lado se lo susurrara al oído.

Con los pelos erizados y atónita ante aquella visión onírica, comprobó como aquellos dedos procedían con su simulada acción y cortaban con un seco clic, clic resonando en sus oídos, unos hilos que también salían del cielo siendo testigo en unos minutos de cómo caían todos amontonados a su alrededor, en una maraña, en un embrollo, haciendo un amasijo, una gran desmadejada montonera enredada rodeaba la piedra donde reposaba mirando al firmamento. 

Concienciarse de que aquella visión era un inconveniente con un grado alto de dificultad la llevo poco tiempo cuando al intentar ponerse de pie en la piedra para tener otra perspectiva diferente, quizás desde otro ángulo, o tal vez simplemente convencerse de que no lo estaba viviendo, comprobó que sus extremidades no reaccionaban con la velocidad que ella quería, el peso que arrastraba era enorme, las madejas de hilos hacían de lastre en su cuerpo. 

Con un esfuerzo desmesurado movió las falanges seguidamente los carpos y aunque lentificados, respiró al comprobar que eran efectivos los signos de vida en sus huesos por lo que arrastrando lastre consiguió hurgar en el bolsillo de su chaleco del que extrajo una segueta con la que procedió al corte escrupuloso de cada uno de los hilos que pendían de su cuerpo. 

Cuando quedaba poco para concluir con la operación de corte, una gran ligereza acompañada de una sensación de flote apoderó su ser y sin tiempo de reacción se elevó al completo por encima de los tejados y árboles en dirección al cielo. Iba descalza, las chanclas de dedo se precipitaron al vacío en su involuntaria ascensión quedando colgadas en una acacia centenaria plantada por algún antepasado de otro tiempo. 

Turbada y boquiabierta ascendió traspasando estratocúmulos y nimboestratos; en el momento en el que comenzó a dominar el vuelo y a sentirse como un pez en el agua, se encontró a si misma palpando en la mesilla de noche en busca del fastidioso despertador que la avisaba de que el tiempo de soñar se había agotado. 


FIN

SUPERSTICIÓN


Nunca creí en supersticiones pero cierto es que aquel día al pasar el puente viejo camino de la Iglesia, un enorme gato negro cruzó raudo por delante de mi ; me quede inmóvil en acto reflejo y el animal aprovechó desde su improvisado refugio en una piedra de la cuenta, para clavar su mirada en mi con un brillante destello haciéndome estremecer; aun no había amanecido, el silencio era pleno , la oscuridad y la niebla me transportaban a algún imaginario lugar muy cercano a las puertas del fin del Mundo.


Continué mi trayecto con una sensación de extraña zozobra que me mantenía en alerta, presentía que algo iba a ocurrir y tardé poco en confirmar mi intuición, cuando llegaba al Templo pude ver con espanto como alguien saltaba al vacío desde la torre del campanario.

Corrí al encuentro de la desgracia, me arrodille con una ilusión de atisbar su pulso pero fue inútil, al volver el cuerpo que yacía en posición decúbito prono, ya era un cadáver sanguinolento.

Me despojé inmediatamente de mi hábito, cubrí el cuerpo por entero y corrí desgañitado en dirección a la aldea, las luces débiles del alba ya me abrían camino.

Al escuchar los gritos solicitando auxilio salieron a mi encuentro varios parroquianos que no podían dar crédito a la aterradora anunciación siguiéndome prestos al lugar del hecho, precedían la comitiva el cura y el médico.
La sorpresa de un calibre desmesurado fue encontrar la túnica tendida sin nada más que una raposa muerta debajo. Los rostros de los presentes eran de estatua, confusos y aturdidos todos ellos me miraban interrogantes esperando una explicación, algo que no pude facilitar pues solo Dios sabe que lo que yo presencié era certero y que lo que teníamos delante parecía una broma del maligno que usándose de mi había engañado a los demás con algún fin oculto. Así expuse mi pensamiento con el corazón sincero y ninguno de los que allí estaban me creyeron, dudando en consenso de mi salud mental.

No puedo hacer un cálculo del tiempo que transcurrió hasta que el cuerpo golpeó contra el suelo cuajado de escarcha, no quiero recordar el sonido que sobrecogió mi alma para siempre y que aun hoy atormenta mi descanso en el lecho todas y cada una de las temidas noches de mi existencia, no puedo olvidar los ojos
desesperadamente abiertos de aquella funesta muchacha que inducida por alguna fuerza ajena decidió quitarse la vida de ese modo y que yo fuera su único testigo.

No quiero convencerme de que lo soñé porque sería engañarme a mi mismo que a fin de cuentas es con la única compañía que cuento desde aquel siniestro día en el que mi vida es solo una ilusión de otrora en el que no creía en supersticiones.

Secreto



En la sala de espera nº 4 del Hospital psiquiátrico San Serénese Oiga había 7 personas aguardando su turno, cada uno de ellos sumido en sus pensamientos y algunos dejando ver sin remedio los efectos secundarios de la medicación ingerida.

Tras un largo silencio absoluto, se abrió la puerta chirriando y todos vieron entrar en la sala a un perro mestizo ataviado con bata blanca que arrastraba por doquier y que saludó con voz grave dando los buenos días en perfecto castellano, además anunció con tono amable que Prudencia Martín podía pasar después de que saliera Mariano Cosos y apuntó con una amplia sonrisa que a los demás los irían llamando por orden de consulta. Con las mismas giro sobre sus cuatro patas y salió de la sala con paso firme y tranquilo dirigiéndose a la consulta 2B.

Todos ellos quedaron ojipláticos y boquiabiertos pero solo durante un instante pues uno de los pacientes se puso en pié y dijo en voz alta: _He visto su pelaje y era de color verde césped...Todos se miraron con complicidad unos a otros y guardaron el secreto.